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lunes, 5 de noviembre de 2012

El Vampiro a juicio




Nosferatu, eine symphonie des grauens (Nosferatu, el vampiro, Alemania, 1922)

Es el primer film que tiene como personaje a Drácula. Película silente dirigida por F.W. Murnau y con las actuaciones de Max Schreck, Gustav Von Wangenheim, Greta Schröder, Alexander Granach, Georg H. Landshoff, John Gottowt, Gustav Botz, Max Nemetz y Albert Venohr.

La cinta fue objeto de una controversia judicial, los productores al no lograr conseguir los derechos de los herederos de Bram Stoker, quien creara al personaje de Drácula en el siglo XIX y lograra la admiración de escritores como Oscar Wilde. Murnau no reparó la cuestión y adaptó lo más que pudo la historia, por ejemplo el personaje central se llama Conde Orlok, en vez de Drácula. De nada sirvieron los cambios puesto que la viuda de Stoker logró demandar y ganar el juicio, la sentencia ordenó la destrucción de todas las copias, afortunadamente algunas sobrevivieron e incluso llegaron a nuestros días.

La historia narra las peripecias de un agente inmobiliario llamado Thomas Hutter, quien debe ir desde Wismark, Alemania hasta Los Carpatos donde vive el Conde Orlok para convencerlo de hacer una operación para adquirir una de sus propiedades en Wismark. Hutter descubre las leyendas de aquellas tierras y poco a poco se entera de la malignidad de algunos seres locales, algunos lo tratan de disuadir de visitar al conde pero su ambición será su perdición. Para muchos es la mejor adaptación de la novela de Stoker al grado que existe la leyenda que el protagonista Max Schreck era en realidad un vampiro, argumento que manejó la película La sombra del vampiro (2000).

El género de terror puede ser muy interesante puesto que en la mayoría de casos lleva a un extremo la cuestión de lo humano a través de la dialéctica sobre lo inhumano o sobrehumano, por otro lado se conserva la justicia poética aristotélica pues normalmente las personas que sufren los embates de lo sobrenatural tienen alguna culpa que pagar, así que lo sobrenatural cumple una especie de función juzgadora e incluso en algunos casos restauradora del orden. En el caso que nos ocupa el agente inmobiliario tiene una ambición malsana que puede ser calificada de codicia la cual lo llevará a su muerte.

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